La combinación de conflictos internacionales, volatilidad en los precios de los combustibles, alimentos más costosos y tasas de interés elevadas mantendrá bajo presión a América Latina durante los próximos meses. Esa fue la principal advertencia lanzada por el economista Raúl Hernández, director asociado de CIEF Consulting y del Instituto de Finanzas de Santo Domingo, durante su conferencia “Impacto económico y financiero de la coyuntura internacional en Latinoamérica”, presentada en el Congreso Latinoamericano de Auditoría Interna y Evaluación de Riesgos (Clain 2026), organizado por la Asociación de Bancos Múltiples de la República Dominicana (ABA).
Desde el inicio de su exposición, Hernández dejó claro que el escenario actual no debe interpretarse como una crisis, pero sí como un período de incertidumbre profunda y sostenida. “No me gusta hablar de crisis. Una crisis significa contracción económica, destrucción de empleo y caída de actividad, y todavía no estamos ahí”, afirmó. Sin embargo, advirtió inmediatamente que “lo que sí tenemos es una volatilidad importante y cada vez más difícil de anticipar”.
El economista explicó que la economía mundial está entrando en un período donde los shocks ya no provienen únicamente de decisiones económicas, sino de conflictos geopolíticos, tensiones comerciales, cambios tecnológicos y fenómenos climáticos, lo que hace más difícil proyectar escenarios de estabilidad.
“Tenemos un mundo mucho más incierto, más complejo y con riesgos que se toman decisiones muy difíciles de anticipar”, sostuvo. A su juicio, esto está obligando a gobiernos, reguladores y empresas a abandonar modelos tradicionales de reacción y pasar a una lógica de mayor preparación. Hernández recordó que el 80% del comercio mundial se mueve por vía marítima, por lo que interrupciones logísticas o tensiones en corredores internacionales generan impactos casi inmediatos en energía, transporte y producción.
“La situación internacional golpea rápido y de manera importante el lado de la producción”, dijo. “Estamos viendo combustible más caro, transporte más caro, fertilizantes más caros, y eso termina impactando alimentos y costos internos”, agregó.
En ese sentido, alertó que el efecto más sensible para América Latina podría sentirse en los alimentos. “La comida es un componente de tensión social muy alto”, expresó, al advertir que el aumento sostenido en productos básicos históricamente ha tenido consecuencias económicas y sociales importantes.
Hernández fue aún más directo al señalar que, aunque un conflicto internacional pudiera terminar pronto, sus consecuencias económicas no desaparecerían de inmediato. “Aunque los conflictos se detuvieran mañana, muchos de estos efectos toman entre seis y nueve meses en diluirse”, explicó, al referirse a los costos logísticos, combustibles y fertilizantes.
En materia energética, sostuvo que el mercado ya está operando bajo expectativas de presión prolongada. “Hoy no tenemos conocimiento de un plan que permita decir que esto termina en las próximas semanas”, afirmó, señalando que las previsiones internacionales ya incorporan escenarios de prolongación de tensiones.
Sobre Estados Unidos, Hernández advirtió que la persistencia inflacionaria complica cualquier alivio rápido en tasas de interés. “Hablar de reducciones aceleradas de tasas se hace virtualmente imposible en este entorno”, indicó. Según explicó, mientras la inflación permanezca por encima de las metas, la Reserva Federal tendrá limitaciones para abaratar el crédito.
El efecto para América Latina, dijo, se traduce en menos inversión, financiamiento más caro y mayor cautela empresarial. “Cuando el dinero se hace más caro, se ralentizan decisiones de inversión y se encarece el financiamiento para crecer”, afirmó.
A esto se suma un factor climático que Hernández calificó como especialmente delicado: El Niño. Alertó que diversos modelos internacionales proyectan un evento de alta intensidad con potencial de alterar lluvias, producción agrícola y cadenas de suministro.
“Tenemos muchos factores jugando en contra de la estabilidad global al mismo tiempo”, afirmó. “No es solo política o economía; ahora también hay riesgos climáticos que afectan producción, alimentos y costos”.
Pese al panorama, el economista evitó proyectar un escenario de colapso regional y sostuvo que América Latina todavía mantiene espacio de maniobra. “No estamos haciendo una mala tarea, pero tampoco estamos blindados”, señaló.
En el caso de República Dominicana y parte del Caribe, identificó al turismo, logística, comercio y servicios como áreas con capacidad de sostener dinamismo, aunque insistió en que la región no puede depender únicamente de la resistencia del mercado.
“No podemos llegar tarde a la discusión de los riesgos”, advirtió. “Si el mundo está cambiando tan rápido, gobiernos, reguladores y sector financiero tienen que sentarse temprano en la mesa y prepararse antes de que los problemas lleguen”.
Al concluir, Hernández afirmó que el problema no es únicamente resistir la volatilidad actual, sino entender que esta podría extenderse más de lo previsto. “Tenemos que acostumbrarnos a un mundo donde el dinero será más caro, los riesgos más frecuentes y las decisiones mucho más complejas”, dijo.
