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Al Caballo Bronco le truncaron su sueño olímpico

Hay sueños que se convierten en pesadillas y desilusiones que lejos de incentivar el orgullo se transforman en rabia.

A Carlos Adames le arrebataron la oportunidad de vestir la bandera dominicana en unos Juegos Olímpicos… sin siquiera escuchar su voz.

Era 2016. El denominado “Caballo Bronco” afinaba su preparación con la ilusión de representar la patria en Río. Vivía su mejor momento como amateur, perfilado como uno de los nombres fuertes de su división, cuando un resultado previo a las clasificaciones cambió el rumbo de su carrera: positivo a sustancias prohibidas.

Según Adames, la noticia le cayó como un nocaut. No entendía las razones. No encontraba explicación. Asegura que no había consumido nada indebido y, de inmediato, buscó respuestas en su federación.

Los ejecutivos

En ese entonces, la presidencia de la Federación Dominicana de Boxeo estaba en manos de Juan Vargas, quien había asumido el cargo meses después de aquel episodio. Pero en lugar de encontrar respaldo, Adames sintió cómo cuatro años de sacrificio se desvanecían en cuestión de minutos… sin una defensa, sin una segunda oportunidad.

“Yo no comí ni me tomé ningún medicamento que me pudiese afectar. Ellos decidieron sacarme del campamento que estábamos utilizando para prepararnos a los Juegos de Río. Ya faltaba poco para que anunciaran los clasificados y yo tenía la seguridad de que iba a participar, pero no me lo permitieron. Incluso, no me dejaban ingresar al gimnasio”, recordó durante una entrevista en exclusiva para Listín Diario, en su sección Café Deportivo.

El golpe no fue solo deportivo… El púgil, oriundo de Elías Piña, describe ese momento como el más duro de su carrera, marcado por una sensación de abandono de quienes, en teoría, debían sostenerlo. La desesperación lo llevó a pedir un encuentro a solas con los directivos: acababa de convertirse en padre por primera vez pero, tampoco hubo respuesta.

“Mi hija nació en esos días y tenía que comprarle leche y pampers. No tenía otra profesión, solo sabía pelear y me cohibieron de todo”, confesó.

El castigo fue aún más profundo: a los miembros de la selección nacional se les prohibió siquiera dirigirle la palabra. El silencio se convirtió en otro rival, quizás el más difícil de enfrentar.

Hay historias que se escriben con tinta de revancha; Adames hoy no guarda rencor… ofrece abrazos donde antes hubo puertas cerradas. Porque, según él mismo reconoce, aquella decisión que lo apartó del sueño olímpico terminó empujándolo hacia un destino mayor.