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Andrew Feldman, gurú de la IA: “Es alucinante que la gente piense en trabajar 38 horas, es cada minuto que estés despierto”

Andrew Feldman, fundador y CEO de Cerebras Systems, ha reavivado uno de los debates más incómodos de la industria tecnológica: el precio real del éxito. Su compañía, especializada en chips de inteligencia artificial, es ejemplo de esa cultura de exigencia extrema que aún se practica.

Para Feldman, la llamada “búsqueda del equilibrio” es un espejismo moderno. Afirma que la Generación Z asocia el progreso con jornadas más cortas, salud mental y desconexión, pero advierte que esa visión choca con la realidad del liderazgo y la innovación.

Cabe mencionar que el mensaje que comparte no es nuevo, pero sí provocador, y es que en el corazón de Silicon Valley persiste la idea de que la excelencia no surge del descanso, sino de la obsesión por crear algo extraordinario, incluso si eso significa renunciar a casi todo lo demás.

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Trabajar más no siempre significa hacerlo mejor

Para Andrew Feldman, la clave del éxito no está en la cantidad de horas, sino en la intensidad con la que se viven. “Cada minuto que estés despierto” —dice— debe estar orientado al propósito de construir algo grande. 

Es una mentalidad que remite al Silicon Valley clásico, aquel que glorificaba las noches sin dormir y los proyectos imposibles que nacían en garajes. En su visión, los grandes hitos tecnológicos no surgen del equilibrio, sino del esfuerzo constante. 

Quien aspira a crear una empresa o a transformar una industria debe aceptar que no hay medias tintas. El compromiso total no es una opción, sino la norma. Una filosofía que conecta con la de figuras históricas como Steve Jobs, Jeff Bezos o Elon Musk, que convirtieron la exigencia y el sacrificio en parte de su legado. 

En el ecosistema que lidera la revolución de la inteligencia artificial, Feldman no hace más que recordarlo, en el cual expresa que la innovación requiere devoción, incluso si eso significa vivir para trabajar.

El mito del equilibrio laboral

Frente a esa cultura del sacrificio, la nueva generación de trabajadores ha empezado a marcar distancia. Los jóvenes que entran en el mundo tecnológico no quieren repetir el modelo de agotamiento que dominó la industria tecnológica durante décadas

Prefieren medir el éxito por la calidad de vida, no por el número de horas frente a una pantalla. El auge del teletrabajo, la búsqueda de horarios flexibles, así como la semana laboral de cuatro días en algunos países europeos, reflejan ese cambio de mentalidad. 

Los grandes líderes del sector siguen creyendo que la verdadera productividad no entiende de descanso. Sergey Brin, cofundador de Google, asegura que el punto óptimo de rendimiento ronda las 60 horas semanales. 

Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, llegó a afirmar que ningún emprendedor con vida equilibrada ha levantado una gran startup. Incluso Kevin O’Leary, inversor de Shark Tank, lo resume sin rodeos: “Olvídate del equilibrio, trabaja 25 horas al día si quieres llegar lejos”.

El discurso del esfuerzo absoluto tiene una consecuencia evidente: el agotamiento. Cada vez más expertos en salud laboral alertan de que esta cultura del todo o nada conduce al estrés crónico y a la pérdida de creatividad. El exceso deja de ser sinónimo de excelencia y se convierte en una trampa silenciosa.

Los veteranos ven el sacrificio como una virtud, pero los jóvenes lo interpretan como un síntoma de un sistema que ya no encaja con los valores actuales. Paradójicamente, mientras la inteligencia artificial trabaja sin descanso, los humanos empiezan a reclamar algo tan básico como el derecho a parar.

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La industria tecnológica vive una contradicción, por un lado, crea herramientas para ahorrar tiempo, pero por otro exige a sus creadores invertir cada minuto de sus vidas. Silicon Valley se encuentra ante una disyuntiva inevitable, que es seguir glorificando el esfuerzo sin límites o redefinir qué significa realmente triunfar.

Andrew Feldman pertenece a una generación de empresarios que edificaron su éxito a base de intensidad, noches largas y ambición desmedida. Su mensaje, aunque para algunos suene inspirador, choca con una sociedad que empieza a valorar el descanso tanto como la productividad.

La industria sigue admirando a quienes lo dan todo por sus proyectos, pero la pregunta es si esa devoción por el trabajo será sostenible en un mundo que ya no mide el éxito solo por lo que logras, sino por el tiempo que te queda para disfrutarlo.

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Etiquetas: Trabajo