El momento ha llegado: mañana, Microsoft dejará de ofrecer soporte oficial a Windows 10. Eso significa que el sistema operativo más usado de la última década dejará de recibir actualizaciones de seguridad y correcciones de errores.
Un cambio que afecta a casi la mitad de los ordenadores del mundo y que, en España, deja a más de tres millones de equipos en una situación de riesgo.
El problema es que muchas empresas y particulares siguen dependiendo de equipos que no pueden actualizarse a Windows 11, bien porque no cumplen los nuevos requisitos de hardware, bien porque el coste de renovar sus equipos resulta inasumible.
Al final, es una gran cantidad de ordenadores plenamente funcionales que, a partir de ahora, quedarán desprotegidos frente a cualquier amenaza. Esta situación marca el cierre de una era, y es que Windows 10, lanzado en 2015, fue durante años el estándar de trabajo en hogares, oficinas y centros educativos.
Cabe señalar que a partir del 14 de octubre, cada día sin soporte aumentará el riesgo de fallos, pérdida de datos o ciberataques en equipos que hasta ahora eran parte del día a día de millones de usuarios en todo el mundo.
Qué significa para los usuarios el fin de soporte de Windows 10
Cuando Microsoft pone fin al soporte de un sistema operativo, deja de ofrecer actualizaciones de seguridad, parches de estabilidad y mejoras funcionales. En la práctica, Windows 10 seguirá funcionando como siempre, pero los equipos quedarán expuestos a vulnerabilidades que ya no serán corregidas.
Cualquier fallo descubierto a partir de mañana será terreno libre para los ciberdelincuentes. La única excepción son las versiones corporativas LTSC y LTSB, que seguirán recibiendo soporte durante un tiempo limitado, y el programa ESU, una opción de pago pensada para grandes empresas que necesiten más tiempo antes de migrar.
Los usuarios domésticos no tendrán esa alternativa, lo que deja a millones de personas sin protección oficial. Cabe mencionar que el origen del problema está en la transición a Windows 11, un sistema que exige componentes más modernos.
Entre los requisitos está el chip TPM 2.0, necesario para el arranque seguro, así como procesadores de nueva generación. Cualquier equipo fabricado antes de 2018, por potente que sea, no puede actualizarse de forma oficial.
Microsoft ofreció una herramienta para comprobar la compatibilidad, pero muchos descubrieron que sus ordenadores no cumplían las nuevas exigencias. La consecuencia es evidente, puesto que actualizar supone invertir en hardware nuevo, algo que no todos pueden permitirse, especialmente pequeñas empresas, autónomos y familias con equipos antiguos.
Es por esta razón que para muchos, el cambio no es una simple actualización de software, sino una renovación completa del ordenador, lo que genera frustración y sensación de abandono por parte del fabricante.
Un riesgo de seguridad global
A partir de mañana, cada nueva vulnerabilidad detectada en Windows 10 quedará sin parche. Eso convierte al sistema en un blanco fácil para virus, troyanos y ransomware, capaces de secuestrar archivos o robar información.
Los antivirus seguirán funcionando, pero no podrán cubrir todas las brechas si el sistema operativo deja de recibir soporte del propio fabricante. De hecho, los expertos en ciberseguridad ya alertan de lo que llaman un “efecto llamada”, donde los hackers tienden a centrarse en sistemas obsoletos, precisamente porque saben que sus fallos nunca se corregirán.
A corto plazo, los usuarios no notarán nada, pero a medida que pasen los meses, la falta de actualizaciones puede convertir a Windows 10 en un terreno fértil para ataques masivos. Un riesgo que no solo afecta a particulares.
Muchas empresas mantienen sistemas de facturación, control de inventario o gestión de clientes en ordenadores con Windows 10. Si esos equipos quedan expuestos, el impacto puede ser grave: pérdida de datos, robo de información sensible o incluso interrupciones completas del servicio.
Qué opciones tienen los usuarios
No todo está perdido, aunque las alternativas requieren cierto esfuerzo, si tu equipo cumple los requisitos técnicos, lo más recomendable es actualizar a Windows 11. Microsoft facilita el proceso y mantiene la compatibilidad con la mayoría de programas actuales. Sin embargo, si tu ordenador es más antiguo y no dispone del chip TPM 2.0 o de un procesador moderno, las opciones cambian.
Una posibilidad es seguir usando Windows 10 de forma limitada, desconectando el equipo de Internet si solo se utiliza para tareas locales o archivos sin riesgo. También puedes instalar un antivirus de terceros con soporte activo para sistemas antiguos, aunque eso no sustituye los parches de seguridad que ya no llegarán.
Otra opción es migrar a sistemas alternativos y Linux ofrece varias distribuciones gratuitas, seguras y ligeras que funcionan bien en ordenadores antiguos. No requieren grandes recursos y permiten mantener el equipo operativo durante años.
No obstante, si buscas algo más similar a la experiencia de Windows y tu uso es principalmente en la nube, ChromeOS Flex es una alternativa interesante, puesto que es un sistema operativo gratuito, estable y enfocado en el trabajo con Internet.
En el ámbito empresarial, existe la posibilidad de contratar el soporte extendido (ESU), que prolonga las actualizaciones de seguridad durante un tiempo limitado. Es una solución temporal, no permanente, pero puede dar margen a las compañías que necesiten más tiempo para renovar su infraestructura.
El fin de soporte de Windows 10 marca el cierre de una etapa, donde el sistema operativo que acompañó a toda una generación se despide sin sustituto claro para millones de usuarios. Su final deja una lección evidente, y es que depender de un solo fabricante implica aceptar sus reglas, incluso cuando eso deja fuera a quienes no pueden actualizar.
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Etiquetas: Windows 10


