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Entre cuevas y ríos ocultos: Sacred River abre una nueva forma de explorar la naturaleza

Panorama Nacional. En un destino reconocido mundialmente por sus playas, una experiencia distinta comienza a abrirse paso entre quienes buscan algo más que sol y arena. En Punta Cana, Sacred River propone una aventura diferente: adentrarse en un recorrido donde el visitante camina entre cuevas reales, senderos selváticos y ríos subterráneos que revelan otra cara del Caribe.

Ubicada dentro de Bávaro Adventure Park, la atracción forma parte de un parque que, tras 13 años de desarrollo, se extiende sobre más de siete hectáreas de terreno, de las cuales apenas se utiliza cerca del 45 %, una decisión pensada para preservar el entorno natural que rodea la experiencia.

La idea de crear Sacred River surgió precisamente de la búsqueda de algo distinto dentro del turismo de aventura. Sus creadores tomaron como referencia algunos parques naturales de Yucatán, donde el tipo de suelo y las formaciones geológicas guardan similitudes con el este dominicano. Para su desarrollo se realizaron estudios especializados liderados por el geólogo Osiris de León, quien analizó las características del terreno y las cuevas que forman parte del recorrido.

El proyecto tomó cerca de dos años en completarse y fue construido prácticamente a mano, un proceso deliberado para evitar intervenciones agresivas en el paisaje. Senderos, accesos y detalles del recorrido fueron trabajados con cuidado para respetar la naturaleza del lugar y conservar las formaciones originales.

La inversión superó los dos millones de dólares, y desde su apertura en septiembre de 2025, la experiencia ha atraído a más de 50,000 visitantes, una cifra que confirma el interés por propuestas que conecten de forma más directa con el entorno natural.

Pero más allá de los números, Sacred River se distingue por la sensación que deja el recorrido. El visitante avanza entre cavernas auténticas, escucha el eco del agua filtrándose entre las rocas y atraviesa espacios donde la vegetación y la piedra parecen convivir desde siempre.
La experiencia invita a caminar con calma, a detenerse, a tocar la roca fría de las cuevas y a entender que cada tramo fue trabajado por manos humanas sin alterar demasiado lo que la naturaleza ya había construido.

Hay algo en ese contraste de aventura y contemplación que transforma la visita. El recorrido resulta hermoso, emocionante y profundamente inmersivo, evocando en cada detalle una conexión con la tierra, con la historia natural del lugar y con la forma en que nuestros antepasados habitaron estos paisajes.