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Expertos en consumo sentencian: “No debes utilizar la tarjeta de crédito para comprar comida en el supermercado”

Cada vez más familias llegan a final de mes con la cuenta en números rojos, no por ganar poco, sino por cómo gestionan su dinero. Los expertos en consumo lo tienen claro, y es que el problema no está solo en los precios, sino en los hábitos. 

Uno de los más dañinos es usar la tarjeta de crédito para pagar la compra del supermercado, una costumbre que se ha convertido en una trampa silenciosa para el bolsillo. Con la subida constante de los alimentos, muchas personas recurren al crédito como si fuera una extensión del sueldo. 

Se trata de un hábito que parece inofensivo, donde pasas la tarjeta, fraccionas el pago y te quitas el problema de encima. Pero lo que a corto plazo parece un alivio, a largo plazo se traduce en intereses, comisiones y un presupuesto que pierde toda coherencia.

Por eso, los expertos en educación financiera son tajantes: financiar la cesta de la compra es uno de los errores más comunes entre los consumidores. No solo porque incrementa las deudas sin que te des cuenta, sino porque crea una falsa sensación de control que acaba pasándote factura.

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La tarjeta de crédito no es dinero extra

Cuando usas la tarjeta de crédito no estás gastando tu dinero, sino el del banco. Lo que haces realmente es aplazar el pago de algo que ya has consumido, y si no liquidas el total a fin de mes, ese préstamo tiene un coste añadido como lo son los intereses. 

En España, la mayoría de tarjetas rondan entre el 18 % y el 25 % TAE, lo que convierte una compra de 100 euros en un gasto mucho mayor con el paso de los meses.

El problema es que este sistema da una sensación falsa de liquidez donde crees que puedes permitirte más de lo que realmente tienes, porque el impacto del gasto se retrasa. Pero ese dinero no aparece por arte de magia, ya que lo tendrás que devolver con recargo.

La comida, los productos de limpieza o los gastos del día a día no generan ningún valor futuro, son consumos inmediatos, necesarios, pero efímeros. Endeudarte por ellos no tiene sentido, financiar lo que ya has consumido significa pagar más por algo que, literalmente, ya no existe.

Además, pagar con tarjeta de crédito rompe la percepción real del gasto, como el dinero no sale de tu cuenta al instante, pierdes la noción de lo que estás gastando en realidad. Por eso, los expertos en consumo recomiendan volver a métodos más tangibles como pagar con tarjeta de débito o directamente en efectivo.

Cuando usas dinero físico, ves lo que gastas, sobre todo porque el efectivo te obliga a priorizar, a decidir si algo realmente merece la pena. Pero con el crédito, esa barrera desaparece, y lo que parece comodidad se convierte en riesgo.

El peligro del crédito no está en una sola compra, sino en la acumulación, y es que cada pago fraccionado genera intereses que, sumados, pueden comerse buena parte del salario mensual. A medio plazo, esa dinámica crea una falsa estabilidad económica, en el cual sigues pagando, pero nunca terminas de salir de la deuda.

Mientras tanto, los bancos son los grandes beneficiados porque cobran comisiones e intereses, incluso por operaciones pequeñas. Lo que empezó como una forma de financiar una emergencia acaba siendo un hábito que alimenta su negocio a costa de tu tranquilidad.

Cuándo sí puede tener sentido usar la tarjeta de crédito

No todo el crédito es malo, su uso puede ser útil si se maneja con disciplina. Por ejemplo, si pagas el total cada mes y evitas los intereses, puedes aprovechar ventajas como puntos, seguros o promociones sin coste. 

Del mismo modo, puede tener sentido en compras planificadas o en viajes, donde ofrecen protección adicional frente a fraudes o incidencias.

El problema aparece cuando la tarjeta se convierte en una herramienta para llegar a fin de mes. Si la usas para financiar los gastos del día a día, lo único que haces es posponer el problema y encarecerlo con el tiempo.

Si quieres evitar que la tarjeta te controle a ti, la clave está en volver a lo básico. Planifica tu compra semanal, haz una lista y evita improvisar. Paga en efectivo o con débito para ver lo que realmente gastas o establece un presupuesto y prioriza el pago de deudas antes de asumir nuevos gastos.

Reserva el crédito solo para lo que realmente lo justifique, como emergencias o compras que aporten valor a largo plazo. Si tienes varias tarjetas, cancela las que no necesites, ya que cuantas menos tentaciones tengas en la cartera, mejor para tus finanzas.

Pagar la compra del supermercado con tarjeta de crédito parece una solución rápida, pero debilita tus finanzas personales sin que lo notes. Cada pago aplazado añade intereses a algo que deberías haber pagado con el salario del mes.

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