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José Portillo, agricultor, sentencia al campo español “Con las placas solares me pagan 1.900 euros por hectárea, cosechándolas solo me llevaba 100 euros”

La agricultura andaluza atraviesa una transformación que ilustra bien lo que ocurre en muchas zonas rurales de España. En Carmona, Sevilla, uno de los municipios con más superficie cultivada del país, cada vez más agricultores están abandonando el campo para alquilar sus tierras a empresas

El motivo es sencillo, y es que la tierra ya no da para vivir y las placas solares ofrecen ingresos fijos muy superiores a los que deja una cosecha. Según recoge jaraysedal.es, en la localidad hay en marcha cerca de 28 proyectos fotovoltaicos que han reducido hasta un 30% la superficie cultivada. 

En este contexto, testimonios como el de José Portillo, agricultor de toda la vida, se han convertido en símbolo de una época, porque tras décadas de trabajo en el campo, ha decidido dar el salto a la energía solar, convencido por una diferencia de ingresos que resulta abismal.

Imagen de científicos salvando a la humanidad

El campo que ya no da para vivir

Durante décadas, los agricultores han asumido que trabajar la tierra era sinónimo de esfuerzo y de ingresos cada vez más ajustados. Los precios bajos del grano, así como de otros cultivos tradicionales, apenas dejaban margen. 

En el caso de Portillo, el beneficio no superaba los 100 euros por hectárea, que es una cifra ridícula si se compara con los 1.900 euros que ahora recibe cada año por alquilar su terreno a una empresa solar.

Ese salto económico explica por qué no se trata de un caso aislado, y es que cada vez más agricultores están siguiendo el mismo camino. El campo, tal y como está planteado hoy, no cubre los costes ni garantiza una renta estable, frente a esa incertidumbre, el alquiler de tierras para placas solares se convierte en un salvavidas.

En Carmona, con 92.000 hectáreas agrícolas, ya hay en marcha 28 proyectos fotovoltaicos, donde el impacto es evidente, porque entre un 20% y un 30% de la superficie cultivada ha desaparecido en pocos años. Y lo que para unos es un respiro, para otros es un motivo de preocupación.

Entre la renta fija y la pérdida de tradición

El debate en la localidad sevillana refleja una división clara. De un lado, quienes defienden la llegada de la fotovoltaica porque asegura un ingreso estable, muy superior al que ofrecían las cosechas. Del otro, quienes ven en esta tendencia el principio del fin del campo tal y como se ha conocido durante generaciones.

Cabe señalar que el propio José Portillo afirma que tener una renta fija le permitirá disfrutar de su tiempo, viajar y hacer cosas que nunca pudo mientras vivía pendiente de las cosechas. En contraste, algunos vecinos critican que se pierda superficie cultivada y alertan de que el paisaje agrícola está desapareciendo.

La discusión no es solo cultural o sentimental, sino que también tiene un impacto en el empleo rural. Menos hectáreas cultivadas significa menos necesidad de jornaleros, menos actividad en cooperativas y un riesgo de despoblación mayor en los pueblos que dependen del campo.

La agrovoltaica es un equilibrio posible 

Entre quienes defienden las placas solares y quienes abogan por preservar los cultivos aparece una tercera vía: la energía agrovoltaica. Esta fórmula busca compatibilizar la agricultura con la producción de energía renovable, instalando placas en terrenos de cultivo sin renunciar a sembrar.

Si se consigue combinar producción agrícola con energía fotovoltaica, el campo podría mantener su función productiva sin renunciar a la rentabilidad, pero la clave está en si este modelo puede implantarse de manera masiva en España.

Central hidroeléctrica España

La situación de Carmona y otros agricultores no es un fenómeno aislado, y es que la subida constante del precio de la luz, unida a los bajos precios del campo, se convierte en una combinación explosiva que obliga a los agricultores a replantearse su futuro.

Lo que hoy pasa en Sevilla puede repetirse en Castilla-La Mancha, Extremadura o Aragón. El atractivo de las rentas fijas ofrecidas por las eléctricas es demasiado fuerte en comparación con lo que da la tierra. Pero ese cambio también transforma el paisaje rural y altera la economía local.

La pregunta que empieza a surgir es, ¿qué será del campo español si los cultivos dejan de ser rentables y las tierras se cubren de placas solares? La respuesta todavía no está escrita, pero el proceso ya está en marcha.

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Etiquetas: Viral