Si se piensa bien, no es algo nuevo. Las estafas tradicionalmente han tenido más de charlatanería y engaño que otra cosa. Cualquiera podría pensar que hoy, en la época de la ciberseguridad, los teléfonos móviles e Internet todo sería distinto, también los fraudes. Pero lo cierto es que no siempre es así. Cada día hay más ciberdelincuentes “clásicos”, como dice la Policía Nacional.
“Son profesionales del engaño”, aseguran las autoridades, advirtiendo a través de sus redes sociales de que hoy es mejor no creerse nada. Ni tan siquiera lo que ven tus ojos o escuchan tus oídos. ¿Piensas que te has encontrado con algún viejo conocido que necesita tu ayuda? Pues tienes que saber que en la mayoría de los casos no hay nada de eso: solo es un timo.
La suplantación de identidad, a la orden del día
“Lo hacen tan bien que hasta tu cuñado caería”, dice la Policía Nacional. “Son profesionales del engaño”. Lo hacen para referirse a una estafa muy habitual hoy en día. Alguien te hace creer que te conoce (o tú a él, da lo mismo) y luego te suelta cualquier historia lacrimógena. Suelen empezar en plan: “no vas a creerte en el lío que me he metido”, o algo por el estilo.
Como bien afirma la agente de la publicación, los estafadores apelan al buen corazón de la gente (aunque también a su ingenuidad, para qué negarlo). El ejemplo que pone la Policía es muy práctico: hablan de que su hija está enferma y necesitan con urgencia comprar medicinas para ella. Como se suele decir, por la pena entra la peste. O en este caso concreto, el engaño.
“Cuando te quieres dar cuenta de que no conoces de nada a esta persona, ya es demasiado tarde”, dicen las autoridades. El problema, además, es que cada vez más fraudes emplean esta estrategia, pero también en el ámbito digital. En estos casos es aún peor, porque pueden suplantar cualquier identidad cogiendo una foto de una red social, pirateando WhatsApp o hasta con la IA.
Acto seguido, el timador envía un mensaje directo a la víctima, saludando de forma informal y amigable, con el fin de crear confianza inmediata. Suele utilizar frases como: “Hola, ¿cómo estás?” o “Vaya, cuánto tiempo”. Una vez captada la atención, introduce una historia creíble y urgente: un accidente, una cuenta bloqueada, un problema con un viaje, un robo, una multa inesperada…
La clave está en crear urgencia emocional
Cuando la estafa se produce por Internet, lo más normal es que el estafador pida, como quien no quiere la cosa, una transferencia bancaria, un Bizum, un código de recarga o algún método de pago rápido de este tipo. Suelen prometer que devolverán el dinero “en cuanto se resuelva todo” y piden discreción, más que nada para evitar que la víctima contraste la información con terceros.
Como es natural, una vez que la víctima envía el dinero, el estafador corta toda comunicación. Si se trataba de una cuenta hackeada, también puede borrar el historial de mensajes o bloquear a la víctima para evitar rastros. La Policía Nacional es rotunda: si te ves en una situación parecida, denuncia.
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