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Mauri Kaarre, experto en automoción: “Dejé mi teléfono móvil en el techo de mi coche en España y ahí empezaron los problemas”

A veces, un despiste basta para poner a prueba todo lo que das por hecho, y el experto en automoción Mauri Kaarre lo comprobó de la forma más literal: al llegar al aeropuerto, descubrió que no tenía su móvil. 

Lo había dejado en el techo del coche antes de salir de casa, sin darse cuenta. Durante los días posteriores, tuvo que desenvolverse sin su teléfono, y se dio cuenta de hasta qué punto dependemos de él para todo

Sin el dispositivo, las tareas cotidianas se transformaron en obstáculos, ya que no podía pagar el aparcamiento, consultar horarios de tren, leer noticias o incluso poner la alarma para despertarse. Todo lo que antes era automático dejó de serlo.

Su historia va más allá del olvido de un dispositivo, si no que es una reflexión sobre el grado de dependencia tecnológica que hemos alcanzado y sobre lo vulnerable que se vuelve cualquiera cuando se desconecta. 

Si alguien que está acostumbrado a la tecnología siente que el mundo se le desmorona sin un móvil, ¿qué ocurre con quienes ni siquiera saben usar uno?

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Kaarre había dejado el apartamento limpio, el coche listo y las maletas cargadas y antes de salir, tiró unas bolsas de basura y apoyó el móvil sobre el techo del vehículo. Desde ahí, condujo casi 50 kilómetros hasta el aeropuerto, pero no fue hasta aparcar cuando notó que no tenía el teléfono.

Su esposa usó el rastreo de localización y el resultado fue que el dispositivo seguía enviando señal desde una curva de la Avenida de García Lorca, en Almería. Allí, probablemente, había caído después de varios minutos de viaje. Lo más sorprendente no fue perderlo, sino todo lo que vino después.

Sin móvil, tuvo que improvisar, y es que pidió que bloquearan su dispositivo, consiguió uno temporal y trató de adaptarse a vivir sin sus apps del día a día. No dramatizó la pérdida; lo que le sorprendió fue descubrir lo difícil que resulta sobrevivir unos días sin acceso a lo digital.

Una vida que no funciona sin conexión

Sin teléfono no podía pagar el aparcamiento con la app, ni usar el billete digital del transporte público. Las máquinas expendedoras no funcionaban, y para pedir ayuda tenía que enviar un correo o hacer una llamada… imposible sin su propio dispositivo.

Ante esta situación, Mauri Karree comprendió que este equipo no es un accesorio, es el eje sobre el que gira casi todo: pagos, transporte, comunicación, trabajo, incluso ocio. Descubrió que todo gira en torno al móvil. Sin él, el mundo parece más lento y menos accesible. 

Perder el teléfono hoy no significa solo perder un objeto, sino quedar desconectado, donde el dispositivo concentra identidad, banca, contraseñas, acceso a redes, transporte y documentos. Cuando desaparece, desaparece también tu forma de interactuar con el entorno.

Lo que más le impactó fue pensar en las personas mayores, que viven en esa desconexión de forma permanente. ¿Cómo se las arreglan en un mundo donde casi todo exige una pantalla?

La brecha digital no es solo un problema de acceso a internet, sino una cuestión de inclusión. Cada vez más servicios públicos y privados presuponen que todos saben usar un móvil, no hay margen para la desconexión, ni siquiera temporal.

Hombre buscando debajo de un sofá

La paradoja de estar siempre conectados

La pérdida de su teléfono en España se convirtió para Kaarre en algo más que una anécdota, fue un espejo de la sociedad hiperconectada en la que vivimos. Descubrió que no hay manera sencilla de volver a un modo de vida sin pantallas, porque todo —desde pagar un café hasta abrir una puerta— depende de un dispositivo.

El experto expresa que la tecnología ya no es una herramienta, es una necesidad estructural. Sin un teléfono la vida digital no funciona, cada trámite, cada pago, cada comunicación depende de estar conectado, y esta es la nueva realidad en la que todos vivimos. 

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Etiquetas: automóvil, Viral