Resulta un tanto extraño que aquellas personas que está persiguiendo un objetivo no estén muy conformes con el resultado al que esto lleva. Esto es algo que está sucediendo con Sam Altman, CEO de OpenAI, que ha asegurado que, aunque la IA puede algún día ayudar a curar todas las enfermedades y reconstruir el cuerpo humano, él no quiere ser inmortal.
“La eternidad parece mucho tiempo”, dijo durante el primer episodio del programa MD Meets, presentado por el CEO de Axel Springer, Mathias Döpfner. “No puedo ni imaginar lo que sería eso. Creo que el progreso natural requiere renovación, nuevas personas, generaciones que tomen el relevo”.
Todo esto choca directamente con esa tendencia que actualmente se vive en Silicon Valley, con figuras como Elon Musk o los fundadores de Google, financiando empresas de biotecnología enfocadas en extender la vida o incluso alcanzar lo que llaman la singularidad, un punto en el que la IA superaría a la inteligencia humana. Altman, sin embargo, parece más precavido con esa idea de eternidad gracias a las máquinas.
Sin embargo, ha invertido más de 150 millones de euros en Retro Biosciences, un proyecto con la idea de añadir diez años a nuestra esperanza de vida mediante avances científicos en reparación celular y rejuvenecimiento.
Joe Betts-LaCroix, CEO de Retro Biosciences, admite que su empresa “rompe las reglas de la biotecnología tradicional” todo también gracias a la ayuda de la inteligencia artificial.
En concreto, Retro Biosciences trabaja en reprogramar células para que recuperen sus propiedades jóvenes. El secreto está en unas proteínas llamadas factores de Yamanaka, capaces de transformar células adultas en células madre pluripotentes, es decir, en células capaces de formar cualquier tejido. OpenAI desarrolló el modelo GPT-4b micro para precisamente acelerar todo este proceso.
Pese a todo esto, parece que esta idea no casa consigo mismo. “El objetivo no debería ser vivir para siempre, sino vivir más sanos durante más tiempo”, explica. “Lo que me gustaría es tener una vida larga y saludable, y que el periodo de enfermedad fuera breve”, añade.
Por supuesto, reconoce que, por mucho que su empresa lidere una de las mayores revoluciones del siglo, la IA todavía no sustituye a la experiencia humana. “ChatGPT hoy diagnostica mejor que muchos médicos, y hay historias increíbles en las que ha salvado vidas. Pero aun así, quiero un doctor humano”, dice. “Quizá suene a antiguo, pero no quiero dejar mi salud únicamente en manos de una IA”.
Multimillonarios como Sam Altman, Mark Zuckerberg o Jeff Bezos quieren ‘hackear’ el envejecimiento humano
Peter Thiel, cofundador de PayPal, lleva años metido de lleno en la lucha contra el envejecimiento celular, invirtiendo millones en empresas como Unity Biotechnology, y apoyando fundaciones que trabajan en la ingeniería de tejidos para detener el deterioro biológico.
El fundador de Oracle, Larry Ellison, también ha invertido cifras estratosféricas en investigación antienvejecimiento a través de su Ellison Medical Foundation, que hasta 2013 financió a investigadores médicos.
Larry Page, cofundador de Google, creó Calico Labs, una ambiciosa iniciativa para combatir el envejecimiento y extender la vida humana mediante avances científicos disruptivos. Hoy, Calico es la precursora de Altos Labs, financiada entre otros por Jeff Bezos, que busca restaurar la salud celular con técnicas de rejuvenecimiento.
Luego está Bryan Johnson, otro emprendedor que literalmente se enfrenta al reloj biológico. A sus 48 años, presumen de tener el corazón de una persona mucho más joven, gracias a un régimen de ejercicio, dieta y suplementos diseñados por científicos. Su rutina diaria arranca a las 5 de la mañana, con suplementos como metformina cúrcuma o zinc. Además, sigue una dieta vegana y controlada.
Y secundando todas estas ideas de los grandes CEO del mundo, Manel Esteller, catedrático de Genética de la Universidad de Barcelona, comentó recientemente en el programa La Ventana que esa idea no es tan loca como podemos pensar y que realmente no se puede descartar que suceda.
El problema es el cerebro. Aunque se pudiera empalmar corazón, riñones o pulmones, el órgano que define quiénes somos también envejece.
“La identidad humana se encuentra en el cerebro, órgano que al igual que todos envejece, y en caso de ser trasplantado a su vez haría que dejásemos de ser ‘nosotros mismos’”, comenta Esteller. Así que aunque técnicamente pudiéramos ‘reiniciar’ el cuerpo, no significa que seguiríamos siendo nosotros mismos.
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Etiquetas: Inteligencia artificial, Salud, Software



